sábado, 23 de mayo de 2009

"Promoción"

¡Wolas! Bueno hoy directamente dejaremos de lado ese intento de intento de literatura que hago o intento colgar todos los días que puedo. Hoy quiero acercaros este blog, porque me parece que es una idea muy loable la que ha tenido esta chica, y me gustaría ver si podeis fomentar su difusión, y si alguno de vosotros puede ayudar. Es lo mínimo que puedo hacer teniendo en cuenta que mi casa es pequeña, tengo ya una perrita y no cabemos más, pero yo intentaré seguir difundiéndolo. Así que espero que intenteis al menos seguir su foro y promocionarlo un poquito, a ver is podemos sacar a estos animalitos de la calle.

http://difusionesanimalessinmedida.blogspot.com

¡Saludos!

miércoles, 6 de mayo de 2009

Juegos


Suena la música de un timbre, en ningún momento ella hubiera pensado que él tuviera un timbre tan “musical”, por no decir ridículo. Le entra la risa mientras piensa que quizá esto no es buena idea, total hace mucho tiempo que no se ven y sólo hablan por internet.

<< -¿Te parece bien a eso de las 8 en mi casa?

-Sí, pero el plan sigue siendo una cena, ¿no?

-Claro, si quieres podemos ver alguna película.

-No, conociéndote será mejor que sólo quedemos para cenar. >>

Y ahí estaba ella, a las 8 de la tarde, frente a la puerta de su casa, tocando un timbre musical y ridículo, y sintiéndose incómoda por ello. Y en ese instante, se abre la puerta y ella reconociendo la cara de su amigo se alegra de verlo. Pero no descubre hasta después de pasados unos segundos que él va vestido con sólo una toalla. Ella se ruboriza, no quiere pensar que él lo ha hecho a posta, pero en realidad sabe que sí ha sido así.

Mientras ella divaga en sus pensamientos, él le sonríe pícaramente, y se acerca a su oído.

-¿No dijiste que no te importaría verme así-susurra-, y que me conoces en todos los sentidos? Pues parece que tus mejillas no opinan lo mismo.

Por parte de ella, sólo se escucha un suspiro, no ha cerrado los ojos, como él había pensando que haría, simplemente ha suspirado, sintiéndose, una vez más, parte de su juego, y alegrándose por ello, al fin y al cabo, le gusta “jugar” con él.

A ese suspiro se le suma una sonrisa de burla, mientras le susurra con toda la delicadeza que es capaz de reunir:

-Quizá mis mejillas no opinen lo mismo, pero ambos sabemos que esa toalla no va a durar más de dos minutos en el momento en que cierres la puerta.

-¿Y si no la cierro?

-Pues nada, que disfruten los vecinos.

En ese momento, las manos de ella, se dirigen en busca de las de él, que están sujetando la toalla, y las desprende de ese simbólico abrazo, la toalla se desliza suavemente al suelo, y ambos descubren con una sonrisa que el juego ha empezado.

Se miran a los ojos, todavía sonriendo, y cierran el espacio, ya mínimo, entre ellos. Ella, juguetona, desliza sus manos por la cadera del chico.

-Espera, que cierro la puerta.

-¿No querías que te vieran los vecinos?

-Sí, pero tú eres muy vergonzosa.

-No van a verme la cara, ¿qué más da?

-Vamos a mi cuarto, estaremos más cómodos-el juego comienza a convertirse en la espiral a la que ambos se han acostumbrado.

El camino, ya conocido por ella, se hace corto, más que nada, porque los besos y susurros de él en su oreja no le auguran precisamente tranquilidad. Se siente caliente, tanto que, sin darse cuenta, ha comenzado a desabrochar los botones de su blusa.

Al llegar a la puerta de la habitación, ella prefiere hacer el juego un poco más arriesgado.

-¿Vamos al comedor?

-¿Qué?

-Ven al sofá-dice adelantándose, para que él la siga.

Una vez llegados al sofá, ella le indica que se siente, mientras se pone a horcajadas sobre él, y le va dando besos. El chico con los ojos cerrados, va desabrochando el cierre del pantalón de ella, ella simplemente se dedica a besarlo y mover delicadamente sus caderas. Los suspiros de él se incrementan de ritmo y al final los últimos botones de la blusa acaban esparcidos por el cuarto debido al violento estiramiento de él.

Ella se ríe, y le muerde despacio una oreja, las masculinas manos del joven le aprietan los pechos por encima del encaje negro, provocándole unos pequeños gemidos e indicándole a él que está lista para pasar al siguiente nivel.

La mueve delicadamente hacia un lado, y la sienta, a su lado, en el sofá, ella, dejándose hacer, se deshace de las sandalias, con un simple movimiento de sus pies.

La erección de él está en su punto álgido, y ella, mientras él le besa el cuello y le acaricia el pelo, se inclina a besar su pene. Se siente poderosa, ahora el final del juego depende de ella.

Lo lame lentamente de abajo a arriba y él le desabrocha el sujetador. Ella se introduce su polla en la boca, y él gime por primera vez desde que esta con ella, cansado de recibir placer y no poder darlo, le acaricia la espalda para que ella se levante, le contempla los pechos, con sus pezones erectos, y pellizca el izquierdo, ella arquea la espalda todo lo que le permite el sofá. La mano libre de él busca su sexo, y para ello se deshace del pantalón y de la ropa interior de ella.

-Ahora estamos en igualdad de condiciones, pequeña-susurra extasiado de placer, mientras agarra el condón que ella llevaba en su bolsillo y se lo pone.

Ese susurro le indica a ella el siguiente paso, vuelve a sentarse a horcajadas sobre él, mientras él se introduce en su interior, entre ambos comienzan a marcar un ritmo conocido para los dos, parecen mecerse tranquilamente entre ese abrazo y los besos, pero realmente ambos están concentrados en entregarse al otro y darle todo el placer que los dos contienen. En cierto momento en la cabalgada, él comienza a acariciarle el clítoris, y ella, llena de ganas, se lame los labios cerrando los ojos.

Ambos vuelven a buscarse las bocas, sedientos del aire que el otro contiene en sus pulmones. Con una embestida más fuerte que las demás, él se viene dentro de ella, pero sigue acariciando su sexo, de manera que pocos segundos después con un brusco beso en el cuello de él, ella se corre. Ambos, sudados de pasión y sexo, sonríen.

-¿No habías venido a cenar?

-Sí, pero hemos empezado por el postre.

Y los dos, todavía riendo, se ponen un poco de ropa encima para empezar a disfrutar de la cena, sabiendo que probablemente después repitan el juego del postre.