sábado, 28 de marzo de 2009

Día Mundial del Teatro


Como buena actriz, hoy ha sido un día muy significativo para mí, tanto por "reivindicar" ese día que es especial para casi todos los actores y actrices que han empezado (o estamos empezando) en este tipo de arte, como por el hecho de las proposiciones y "méritos" que he recibido hoy.

Mi gran amigo Nelo ha estrenado hoy su corto, "Marxa Enrere" del que es el padre total y poderoso ( para que luego digas :P) pero como todos los que ayudamos en su crecimiento, me siento parte de ese estreno. La presentación ha sido muy sentimiental, pero imagino que es lo lógico sabiendo que es su sueño el conseguir estas cositas que pueden parecer pequeñas, pero que van adelante y algún día se convertirán en excelentes y grandiosos proyectos.

Por otra parte, otro gran amigo, como es Jesús (va por ti Pollo :P) me ofreció hace poco un papel en un corto que quería grabar si su guión era seleccionado, la llamada la recibí hace unos días, pero hoy, al encontrarnos, la noticia se ha hecho más real, y la emoción, por consecuencia, ha crecido. Son proyectos que como ya he dicho parecen pequeños pero tanto para ellos como para mí suponen un gran paso, porque son logros en nuestro camino hacía nuestra meta que para los tres parece tener algo en común, hacer felices a la gente que nos rodea con unas cuantas imagenes audiovisuales, o escénicas.

Y, para terminar, no podía marcharme sin dejaros el manifiesto que ha creado Augusto Boal (Dramaturgo, escritor y director de teatro brasileño) para el día de hoy, probablemente mis compañeros de la Escuela Municipal de Teatro de Mislata (EMTM) de los grupos de iniciación de juveniles y de adultos lo hayan leído en la representación que han hecho hoy, pero yo he faltado, así que dejo este pequeño homenaje al teatro citando estas palabras que tanto dicen:

Todas las sociedades humanas son espectaculares en su vida cotidiana y producen espectáculos en momentos especiales. Son espectaculares como forma de organización social y producen espectáculos como este que ustedes han venido a ver.

Aunque inconscientemente, las relaciones humanas se estructuran de forma teatral: el uso del espacio, el lenguaje del cuerpo, la elección de las palabras y la modulación de las voces, la confrontación de ideas y pasiones, todo lo que hacemos en el escenario lo hacemos siempre en nuestras vidas: ¡nosotros somos teatro!

No sólo las bodas y los funerales son espectáculos, también los rituales cotidianos que, por su familiaridad, no nos llegan a la consciencia. No sólo pompas, sino también el café de la mañana y los buenos días, los tímidos enamoramientos, los grandes conflictos pasionales, una sesión del Senado o una reunión diplomática; todo es teatro.

Una de las principales funciones de nuestro arte es hacer conscientes esos espectáculos de la vida diaria donde los actores son los propios espectadores y el escenario es la platea y la platea, escenario. Somos todos artistas: haciendo teatro, aprendemos a ver aquello que resalta a los ojos, pero que somos incapaces de ver al estar tan habituados a mirarlo. Lo que nos es familiar se convierte en invisible: hacer teatro, al contrario, ilumina el escenario de nuestra vida cotidiana.

En septiembre del año pasado fuimos sorprendidos por una revelación teatral: nosotros pensábamos que vivíamos en un mundo seguro, a pesar de las guerras, genocidios, hecatombes y torturas que estaban acaeciendo, sí, pero lejos de nosotros, en países distantes y salvajes. Nosotros que vivíamos seguros con nuestro dinero guardado en un banco respetable o en las manos de un honesto corredor de Bolsa, fuimos informados de que ese dinero no existía, era virtual, fea ficción de algunos economistas que no eran ficción, ni eran seguros, ni respetables. No pasaba de ser mal teatro con triste enredo, donde pocos ganaban mucho y muchos perdían todo. Políticos de los países ricos se encerraban en reuniones secretas y de ahí salían con soluciones mágicas. Nosotros, las víctimas de sus decisiones, continuábamos de espectadores sentados en la última fila de las gradas.

Veinte años atrás, yo dirigí ‘Fedra’ de Racine, en Río de Janeiro. El escenario era pobre: en el suelo, pieles de vaca, alrededor, bambúes. Antes de comenzar el espectáculo, les decía a mis actores: “Ahora acaba la ficción que hacemos en el día a día. Cuando crucemos esos bambúes, allá en el escenario, ninguno de vosotros tiene el derecho de mentir. El Teatro es la Verdad Escondida.”

Viendo el mundo, además de las apariencias, vemos a opresores y oprimidos en todas las sociedades, etnias, géneros, clases y castas, vemos el mundo injusto y cruel. Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida.

Asistan al espectáculo que va a comenzar; después, en sus casas con sus amigos, hagan sus obras ustedes mismos y vean lo que jamás pudieron ver: aquello que salta a nuestros ojos. El teatro no puede ser solamente un evento, ¡es forma de vida!
Actores somos todos nosotros, el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que la transforma!

sábado, 7 de marzo de 2009

Conversiones


Es una noche oscura, tan oscura que ni siquiera veo mis pies descalzos mientras corro por la calle. Estoy buscando a alguien, ese alguien que ha penetrado en mis sueños de una manera, tan intensa que ha sido capaz de despertarme. Por fin llego a la plaza mayor, y veo su figura, comprendo que me ha estado esperando, mientras, me lee el pensamiento y confirma mi teoría. Sus ojos me observan atentamente, como si quisiera grabar mi imagen en su mente. Yo miro su rostro, un rostro enmarcado por una melena oscura, tan oscura como la noche, detengo mi mirada en sus labios, rojos como la sangre que delimitan su boca, que está semiabierta.
Por primera vez soy capaz de ver esos dientes tan blancos y mientras me acerco para tocar su rostro, descubro sus colmillos, blancos y perfectos. Acaricio sus pómulos, su línea del mentón y sus labios. Y me detiene la mano con un movimiento tan rápido que soy incapaz de asimilarlo. Me acerca, me rodea entre sus brazos y me susurra en el oído:
-Pequeña, deberías tenerme miedo.
-¿Por qué? Eres muy hermosa.
-No soy una persona, soy un monstruo-su voz y su aliento en mi cuello, me obligan a cerrar los ojos de placer.
-Si fueras un monstruo no serías tan bella.
-Soy como una flor carnívora, te muestro algo que te da confianza para atraerte.
-Entonces no quiero separarme de ti nunca.
Me separa de ella y me mira a los ojos. Me besa los pómulos, los parpados y, por último, los labios. En ese beso, llena mi boca de su sangre haciéndolo más placentero si puede. Con otro movimiento, igual de rápido que el anterior, corta el beso. Yo continúo con los ojos cerrados, y sigo acariciándole la palma de la mano, me sujeta el mentón y me obliga a mirarle.
-¿En serio eres capaz de renunciar a tu vida por mí?
-Siomara, ¿por qué no crees lo que digo?
-¿Cómo conoces mi nombre?
-Tú me lo has dicho en ese beso-contesto notando como toda la sangre se me sube a las mejillas.
-…debió ser la sangre…
-Entonces, ¿eres capaz de creerme?
En vez de responder a mi pregunta, me acerca a su boca y me besa de nuevo. Yo sigo firmemente asida a ella, y choca sus labios con mi cuello. Noto un dolor tan punzante como placentero, y mi sangre pasa a fundirse con la suya.

* * * * *
Me despierto y me incorporo. Veo la habitación y descubro que las ventanas siguen cerradas. Inclino mi cabeza, la veo dormida a mi lado, y la beso en la frente.
-¿Recuerdas ese día en el que te entregué mi vida? Hoy he vuelto a soñar con mi conversión. Te amo por haberme regalado esta vida a tu lado.