martes, 5 de agosto de 2008

Sueños húmedos

Me siento en la parte trasera de un coche, a la derecha de un asiento de bebé donde se encuentra sentado mi hijo. A su izquierda se encuentra un amigo mío, gran apoyo en momentos tan duros como las dudas sobre mi embarazo.

Ya han pasado dos años desde aquello y nuestra amistad sigue tan fuerte como siempre, ahora mismo mientras viajamos junto a otros dos amigos en el coche, él y yo nos dedicamos a jugar con Gabriel, mi hijo.

Llegamos a nuestro destino, un restaurante muy cerca de la playa. Una playa preciosa y sin gente. De repente me encuentro a solas con mi amigo y no encuentro a mi hijo. Mario se dedica a buscarlo en los alrededores y yo me meto en el agua, puedo seguir dos caminos, y escojo el de mi derecha. Voy nadando lo más rápido que puedo, hasta que me topo con unas rocas a través de las cuales no puedo seguir. Vuelvo tras mis pasos y me encuentro con unas esculturas de hierro que se encuentran ancladas al suelo. Me acerco a ellas y me doy cuenta de que no puedo avanzar debido a la corriente. Cuando estoy a punto de darme por vencida, al girar la cabeza veo a Gabriel de pie apoyado en una de esas estatuas y llamándome, estaba jugando tranquilamente y a salvo en una zona segura. Me acercó y lo abrazo las lágrimas se me saltan debido al susto. Mario se acerca y nos abraza a ambos, al final consigo calmarme y Mario y yo volvemos a la orilla de la playa, a un lugar desde donde podemos vigilarlo sin problemas.

Una vez allí, Mario me vuelve a abrazar, y me besa en las mejillas, es un beso largo y me hace recordar lo que siempre he sentido por él. Me aparto levemente, no quisiera ofenderlo, pero me siento incómoda, ya que para mí ese beso significa mucho más que para él. Hasta que él empieza a hablar y a mitad de esa frase tan nerviosa y tímida que empieza a aparecer en sus labios, lo beso, no puedo reprimirme, y me alejo rápidamente. Empiezo a murmurar cosas sin sentido, algo como un "no debería, lo siento" asoma a mi boca y él se acerca me agarra por los brazos y me dice lo más tranquilamente que le es posible:

"Quiero ser el padre de ese niño que está jugando en la arena, y quiero cuidar de ti todo el tiempo que me sea posible."

Lo que él no sabe es que Gabriel es en verdad hijo suyo, fruto de una noche de celebración con tal cantidad de alcohol, que él es incapaz de recordarla. Se lo cuento, me abraza y me alza por el aire. De repente me suelta y va a por mi bebé, que desde siempre lo había llamado papá, lo abraza y lo besa.

Esa imagen me hace pensar que mi vida acaba de empezar, y de la mejor manera posible. Sólo falta el piano para parecer de película.

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Un sueño tan bonito como triste, todos los detalles se grabaron en mi mente de una manera tan dulce...es difícil creer que haya gente a la que de verdad les pase esto... Espero que mi vida pueda empezar de la misma manera... :D

¡Besitos!

2 comentarios:

Tinkampinho dijo...

Grandes textos, bellas palabras y delicadas letras.
Gracias a gente como tu la literatura y el arte jamas moriran.
Que grande es el arte!
Jejeje
Salu2 cuidate

Tinkampinho dijo...

Sin ningun problema xD
Me encantaria que la usaras.
Salu2 cuidate y pasalo bien ;)